La sudoración excesiva y su causa

La sudoración es una función esencial que ayuda al cuerpo a permanecer fresco. Las personas sudan más en temperaturas cálidas, cuando hacen ejercicio o en respuesta a situaciones de estrés.

Cuando transpiramos, la piel libera sales en forma líquida mediante las glándulas sudoríparas. Esto se produce en nuestro organismo con el fin de autorregular la temperatura corporal, evitando que no sobrepase los 37 grados centígrados.

El sudor, por lo general, se produce debido al calor; es normal sudar en verano o con el ejercicio físico, incluso si experimentamos momentos de tensión. Sudar permite liberar ese calor que sentimos y al mismo tiempo el vapor producido sirve para refrescar la piel.

Cuando la sudoración se convierte en excesiva y no responde a lo anteriormente descrito es cuando se produce la hiperhidrosis y ocurre en personas con glándulas sudoríparas muy activas.

El efecto de sudoración excesiva que se crea en el cuerpo en este caso, no se debe a factores externos como el calor o cambios de temperaturas extremas. Tampoco surge como consecuencia de un ejercicio físico o tensión emocional.

La sudoración incontrolable puede llevar a que se presenten molestias significativas tanto a nivel físico como emocional.

¿CÓMO SE DETECTA?

La hiperhidrosis suele tener un origen hereditario y su porcentaje en la población mundial varía en función de la raza, siendo los asiáticos más proclives a padecerla. Afecta especialmente a unas partes del cuerpo más que a otras, debido al mayor número de glándulas sudoríparas. Así, las axilas, manos, pies y pubis tienden a sudar más.

También puede ser consecuencia de ciertas enfermedades: lesiones cerebrales, neuropatías, problemas sistémicos o localizados en la médula espinal y algunos tipos de tumores.

La forma de detectar la hiperhidrosis es sintomática y puede tener distinta graduación cuya severidad se mide teniendo en cuenta la tolerabilidad de sudoración y su interferencia con actividades de la vida cotidiana. De este modo, en un primer grado, la persona puede hacer su vida normal, sin apenas notarlo. En el segundo grado aún se sigue tolerando la sudoración, aunque a veces dificulta el día a día del paciente.

El tercer grado de este problema se muestra como un impedimento bastante frecuente para realizar una vida normal, mientras que el cuarto grado implica una intolerancia constante, pues el sudor aparece ya en todo momento interfiriendo siempre en las actividades diarias.

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¿CÓMO SE PUEDE EVITAR?

Un tratamiento para evitar el sudor debe tener en cuenta si hay una enfermedad de base. Se puede inyectar, en la zona de las axilas y en las plantas de pies y manos, la toxina botulínica, cuyos resultados duran hasta seis meses.

Otro procedimiento para eliminar el sudor sería la cirugía, inutilizando ciertos ganglios implicados en la producción del sudor o eliminando glándulas sudoríparas.

Existen productos dermatológicos que se pueden encontrar en las farmacias y que pueden dar buenos resultados después de varios días de su aplicación tópica, como el cloruro de aluminio (hexahidratado).

Hay otros tratamientos orales como la oxibutinina y el glicopirrolato (anticolinérgicos) que deben ser objeto de una valoración médica antes de su utilización por poder producir efectos secundarios (nauseas, arritmias, dolor de cabeza, sequedad bucal y ocular…). Consulta siempre con el profesional sanitario antes de iniciar ningún tratamiento.

El sudor es un problema común, pero en algunas personas se presenta desproporcionadamente, debido a circunstancias hereditarias o a otra enfermedad, es en este caso cuando deberemos acudir a un especialista. 

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